El pasado miércoles 8 de octubre se llevó a cabo la primera sesión, de la segunda etapa de la Cátedra Andrés Bello: Por el derecho a la educación de jóvenes y adultos: la voz de las organizaciones civiles.Para inaugurar esta etapa de la cátedra, se contó con la presencia de la Dra. Mery Hamui Sutton, Presidenta del Observatorio Ciudadano de la Educación, denominado una Organización con voz Crítica.
El observatorio nace en 1998, concebido desde sus orígenes como una instancia de la sociedad civil organizada que asume las tareas de ejercer una observación crítica del desarrollo educativo nacional, promover un diálogo constructivo con las autoridades correspondientes y estimular entre los ciudadanos la reflexión sobre los problemas educativos del país.
Es ya un nuevo sujeto social en el ámbito de la educación nacional, un interlocutor legitimado por su propio esfuerzo y un referente para la opinión pública, funcionarios e investigadores. Es una voz, entre otras, de la ciudadanía que expresa sus juicios con independencia y los argumenta; también alerta, evalúa, cuestiona y propone. Por todo ello es también un signo de la creciente madurez cívica de nuestra sociedad.
La Dra. Hamui es Dra. en Ciencias Sociales con especialidad en Sociología por El Colegio de México.
Actualmente se desempeña en el Área de Sociología de las Universidad UAM-Azcapotzalco
Es Miembro SNI, nivel I
Líneas de investigación:
Cambio Institucional
Procesos de conformación y consolidación de grupos de investigación
Observatorio Ciudadano de la Educación: una Organización Civil
Con Voz Crítica
Mary Hamui Sutton
Introducción:
Buenas tardes, en primer lugar quiero agradecer la invitación al Departamento de Educación de la Universidad Iberoamericana y expresar que es un honor para mi abrir este foro académico en el marco de la Cátedra Andrés Bello: (que lleva por título) “Por el derecho a la Educación de jóvenes y adultos: la voz de las organizaciones civiles”. El propósito de esta plática es presentar a Observatorio Ciudadano de la Educación (OCE) como una organización civil con voz crítica.
El Observatorio Ciudadano de la Educación OCE inició sus actividades hace ya casi una década, cuando un grupo de ciudadanos, la mayoría investigadores interesados en los problemas de la educación, tomaron la iniciativa de crear una instancia social de vigilancia crítica del desarrollo educativo y especialmente de las políticas gubernamentales en el sector.
Para poder expresar por qué OCE es una organización civil con voz crítica recurrí a los documentos y ensayos en los que los miembros nos hemos planteado algunas cuestiones fundamentales que atañen a su identidad, su historia, sus fines específicos, sus formas y procedimientos de participación y otros temas que abren dilemas para su desarrollo. Para luego, reflexionar en qué medida este grupo de investigadores cumple además, con las características de ser un organismo de la sociedad civil (OSC) dadas las modalidades específicas que adquiere su participación y ante el hecho de que pretende incidir en las políticas públicas sobre la educación a través de la reflexión, la crítica independiente y el diálogo con las autoridades.
Las modalidades de su acción contrastan con las de otras organizaciones que han adoptado otros organismos de la sociedad civil, algunas actúan planteando demandas clientelares, otras presionando a partir de intereses políticos o exigiendo soluciones a conflictos con los derechos de los individuos.
Por ello, creo necesario reflexionar en torno a su identidad, sus fines, sus formas y procedimientos, las modalidades de participación y lo que esto implica para ser un organismo de la sociedad civil con voz crítica.
1, La identidad de OCE:
Observatorio se estableció bajo una lógica de organización propia y condiciones de posibilidad para existir, entre las que destacan:
Tener un fin común para el cual sus integrantes, en su mayoría investigadores de la educación, cumplen a través de comunicación e interacción colegiada. El fin de Observatorio Ciudadano de la Educación, como su nombre lo expresa claramente, es darle seguimiento puntual a los problemas educativos y a las decisiones públicas en este campo. También, tiene el propósito de abrir un espacio social de carácter plural para la reflexión de la problemática educativa; aportar conocimientos y opiniones documentadas sobre temas fundamentales; difundir sugerencias y posibles alternativas a los graves problemas que enfrentamos; y demandar de las autoridades educativas el esclarecimiento de sus acciones, así como información y explicación sobre el eventual incumplimiento de metas anunciadas.
Una segunda característica es su composición, que implica contar con un determinado número de integrantes con especificidades como las siguientes: las actividades que realizamos no son remuneradas, la mayoría de los miembros e impulsores de Observatorio somos investigadores de la educación, por lo cual nuestra participación, que es a partir de la sociedad, está marcada por la capacidad para aportar un conocimiento especializado a la discusión de los asuntos educativos y especialmente a la conformación de las políticas gubernamentales en este campo. Esta condición nos permite a los miembros de OCE reconocernos, sentirnos parte y ser reconocidos por otros como miembros.
En tercer lugar, OCE se ha estructurado de la combinación de distintos elementos, han tenido lugar convenciones formales e informales comunes, una forma de tomar decisiones respecto a los objetivos y se ha buscado la mejor manera de emplear los medios o recursos disponibles para lograr nuestros fines, se han establecido patrones de interacción y una distribución de tareas para poner a Observatorio en operación.
Asimismo, OCE sobrevive al proceso de desarrollo que en diez años hemos tenido, sus miembros hemos estado y estamos dispuestos a la posibilidad de cambios de actitud, responsabilidades y tareas. Observatorio ha transitado hacia un grupo con mayor apertura, ha integrado a nuevos miembros y ha procurado estrategias para un mejor logro de los fines y ha contado con financiamiento para realizar muchas de las actividades gracias al financiamiento que hemos recibido de la Fundación Ford y al apoyo del ISUE.
Este proceso, así platicado, parece natural, llano y sin conflictos, como si el cumplir con estos requisitos le asegurara a cualquier grupo constituirse en una organización exitosa, es entonces cuando surgen preguntas sobre ¿Qué ha hecho que Observatorio esté cohesionado y pueda ser una voz crítica que se escucha? ¿Por qué Observatorio Ciudadano de la Educación (OCE) es hoy una referencia obligada en el medio de la educación mexicana?
Lo que cohesiona a OCE es la representación sociocognitiva de lo que pretende, que nos hace posible la reconstrucción de significados para los miembros y permite su reconocimiento social en el entorno. Geertz (1996) planteó que de los hechos, de lo vivido, del quehacer y de los patrones de comportamiento se van estableciendo contenidos en los códigos éticos que “almacenan” las significaciones que dan sentido a las decisiones que se aplican al actuar y que sintetizan la manera de ver y entender.
Observatorio está cohesionado a través de su identidad, que obtuvo a través de la relación presente e imaginaria con los otros, de tener unicidad consigo mismo y diferenciarse de los otros haciéndose único y distinguiéndose de los demás. OCE se ha delimitado como un sistema semiabierto en el que su frontera, que restringe los intercambios entre quienes lo conformamos nos permite compartir valores, normas, creencias, la adopción de formas de organización en lo que se quiere lograr en el ámbito de la educación en México con base en un ideal al que se aspira y que norma nuestras expectativas y acciones colectivas. Por supuesto, en el contexto de la educación, intentado incidir en las políticas públicas y en la formación de opinión de la ciudadanía, apoyado por fundaciones y redes para hacer de México un poco más democrático.
¿Cómo obtuvo su identidad? Para ello incidió el tipo de trabajo en el cual estamos insertos, los miembros de OCE, en su mayoría somos investigadores de la educación y trabajamos distintos temas en diferentes niveles y ámbitos educativos, en diversas instituciones universitarias, por lo que compartimos pautas de comportamiento y un uso de la experiencia en la investigación educativa que nos es común. De ahí que nuestra identidad esté vertebrada en la articulación de estos ejes y podamos diferenciarnos de otros grupos.
Observatorio se encarna en sus investigadores que trabajan en él, en el conflicto y en la armonía que define la situación en distintos momentos, en las oportunidades y en la restricción de acciones a las que cada miembro está sujeto. Los miembros obtenemos nuestra identidad al convertirnos y “ser un miembro”, pues es el fundamento de todos los procesos estructurantes. En el rol de ser miembro se determinan las condiciones de ingreso y de salida y la posibilidad de acceso a los diferentes roles; en él se pueden asimilar los elementos para responder, establecer relaciones de poder y cumplir con los objetivos contenidos en sus acciones.
OCE se conforma, tiene una historia con una orientación que se marca en su trayectoria; tiene una estructura de organización, lleva a cabo acciones y tiene una producción conocida. Estas condiciones han dado la posibilidad a Observatorio, de convertirse en una referencia en el debate sobre temas educativos, ser una voz crítica y cuestionar temas no resueltos, sin pretender representar a la totalidad de la sociedad.
¿Cómo sucede esto en la práctica cotidiana? Por ejemplo, cuando se escriben los debates, hay una definición del problema y un enmarque que se consensa, partimos de que nuestras opiniones y argumentos en torno a lo que uno o varios escribieron como documento base posibilitan que se mejore lo que se presenta en un enmarque que exprese la posición común. El consenso del enmarque y las reglas del juego acordadas para argumentar y mejorar los textos son las herramientas para lograrlo; lo mismo sucede en los foros.
Entre las pautas que predominan en torno a los comunicados sobresale que casi todos nuestros comunicados concluyen con varias preguntas, dirigidas a las autoridades educativas, en relación con el tema tratado. Por ejemplo, interrogamos a la SEP acerca de los avances en materia de participación de la sociedad en la escuela y las razones por las que a la fecha no se ha instalado el Consejo Nacional de Participación Social; también sobre la disminución del gasto por alumno en el presupuesto educativo federal y sobre varias omisiones importantes que advertimos en el Programa de la SEP. Asimismo planteamos varias interrogantes sobre la conveniencia del proyecto de las universidades tecnológicas y, por otra parte, cuestionamos el impacto de los programas compensatorios. Sobre la educación superior señalamos la grave disminución de su presupuesto federal y preguntamos las razones de esta medida. Por último, planteamos preguntas específicas respecto a la descentralización y a la evaluación educativa, problemas que, a pesar de formar parte de la agenda educativa de la actual administración, nos parecen insuficientemente resueltos.
Los elementos que nos identifican se relacionan con los problemas educativos y en el ejercicio de la discusión se mejora el comunicado que se quiere lograr. Los patrones de comportamiento, que también son elementos para identificarnos entre nosotros, operan al comunicar y discutir las ideas, pues se van exigiendo y moldeando conductas, formas de ser y de actuar que se parecen, cada vez más, al ideal que nos rige y orienta.
Entonces, la identificación adquiere un doble sentido, es una forma para tener presencia y seguridad individualmente y nos permite la vinculación con el grupo y con otros. Cada uno se identifica ante sí mismo y como perteneciente a Observatorio, esto nos permite definir intereses y dotar de sentido a lo que se plantea y se defiende, con cálculo de costes y de beneficios.
Entre las normas y pautas de interacción para construir el conocimiento predominan la discusión y el debate en marcha en los temas e interés y en la política educativa. Las valoraciones políticas, ideológicas y morales que son inevitables en el discurso social en los distintos momentos, se tratan de hacer pertinentes al tomar en cuenta las perspectivas inmersas en las decisiones que se sostienen. Su verificación se hace mediante la lógica, que implica atender la manera de enmarcar lo que se argumenta, de elegir y adaptar la teoría y evaluar la congruencia con las evidencias en las condiciones en que se interpreta y se critica lo que se observa.
Las formas de ser y de actuar se encaminan a lograr argumentos y reflexiones en torno al tema educativo para ayudar al avance del conocimiento e idealmente aspirar a que estos argumentos estén cerca de la acción para participar en el rumbo de las decisiones. Así, en la experiencia individual y del grupo hemos obtenido prestigio y nos hemos posicionado como una referencia del campo educativo.
Otro factor importante que nos proyecta son las redes, que nos permiten participar en otros espacios académicos como en conferencias, foros académicos y en otros espacios de especialistas como asesores o colegas especializados, además, nos permiten relacionarnos con gente que está trabajando temas afines. De esta manera, nos damos a conocer y hacemos posible que otros nos contacten y que nos incluyan en sus redes.
A manera de resumen se puede decir que la construcción de la identidad en OCE rebasa las identidades individuales y las especulares de los distintos espacios, los miembros nos sentimos identificados y reconocidos. El trabajo del grupo y de cada uno de los integrantes proyecta la actitud y el enmarque común construido por todos y nos reconocen por el trabajo colectivo. Los proyectos de cada uno se han manifestado en la identidad colectiva y se evidencian en el reconocimiento a los debates, libros y foros. Desde el exterior nos identifican y nos reconocen por los temas y nuestro quehacer colegiado y cotidiano para lograr nuestros fines.
2. ¿Qué fines se ha planteado Observatorio?
Deseamos aportar conocimientos y opiniones documentadas sobre temas fundamentales, difundir sugerencias y posibles alternativas a los graves problemas que enfrenta la educación mexicana, y demandar de las autoridades educativas el esclarecimiento público de sus acciones.
3. ¿Cómo le hemos hecho para ser un organismo con voz crítica?
Nuestra principal actividad ha sido la publicación periódica e ininterrumpida de textos colectivos, consensados en el grupo de redacción de OCE, sobre los más diversos asuntos educativos publicados actualmente en dos medios de circulación nacional: los debates los publicamos en la revista Este País que tiene periodicidad mensual y en el diario Financiero que son artículos de periodismo editorial sobre temas coyunturales relacionados con la educación; éstos se publican quincenalmente.
Entre las publicaciones de OCE también están dos libros: La educación en México, una propuesta ciudadana y La educación preescolar: ¿hacia dónde debería dirigirse la política educativa? ambos publicados por editorial Santillana, y está por publicarse el tercero sobre el tema de participación social en la educación. También hemos publicado cuatro volúmenes con la compilación de algunos comunicados de OCE, además de los 190 comunicados que se han difundido en diversos medios periodísticos como en La Jornada, el Diario Monitor y actualmente en la revista Este País y el diario El Financiero
También se han divulgado algunas memorias de los 25 foros celebrados y otros documentos útiles que contribuyen a formar una opinión informada. Nuestra página Web es muy consultada y tiene alrededor de 20, 000 visitas por año.
OCE también organiza foros ciudadanos para propiciar debates, buscar consensos y formular propuestas acerca de diversos aspectos de la realidad educativa mexicana, promueve la participación ciudadana y la generación de nuevas propuestas en beneficio de la educación.
Los foros que hemos organizado y que han tenido lugar año con año han sido sobre temas muy variados como “formación y actualización de docentes”, “educación, ciudadanía e interculturalidad”, “educación preescolar”, “participación social”, el más reciente fue sobre el “Análisis del Programa Sectorial de Educación 2007 - 2012 y el Presupuesto Educativo 2008”, y próximamente el 16 de octubre tendrá lugar un foro sobre el tema de “La Alianza por la Calidad de la Educación y la Norma Oficial Mexicana".
También hemos organizado foros de discusión y programas de divulgación en instancias estatales para analizar y discutir los principales problemas educativos que aquejan a las regiones, promoviendo la formación de filiales estatales. Hemos establecido alianzas con organizaciones no gubernamentales, grupos académicos y otras representaciones sociales para llevar a cabo proyectos específicos.
En Observatorio, además tenemos un seminario en el que interactuamos cara a cara con una periodicidad mensual, éste constituye el núcleo de reflexión y debate, en él se afina el pensamiento del grupo y se preparan colectivamente los textos de los Comunicados. Nuestra interacción más frecuente es a través del correo electrónico y nuestra herramienta más utilizada de difusión es nuestra página web.
4. La participación en el caso particular de OCE
¿De qué manera participa OCE para incidir en las políticas públicas sobre la educación? Ya había mencionado que entre sus estrategias están la reflexión, la crítica independiente y el diálogo con las autoridades.
Pero, ¿qué implica el hecho de “participar”? enfatizo la palabra “participar” por que su significado es central para entender la manera en la que OCE puede ser una voz crítica. Participar, es una palabra clave, que a la vez es ambigua y de alcances variables, y más aún cuando se aplica a una organización de la sociedad civil que pretende mejorar el carácter democrático en la toma de decisiones de la política educativa.
Por ello resulta necesario, antes de presentar y dar cuenta de las acciones que OCE realiza, la idea que compartimos los miembros para que éstas se traduzcan en argumentos para incidir en la ciudadanía y en las decisiones de política educativa, entender lo que significa, lo que implica y el alcance de conceptos como participación social, ciudadanía y política pública en el contexto en el que vivimos.
¿Qué es participación? Desde la perspectiva sociológica, participar significa formar parte de un grupo social o realizar una actividad a partir de, o en nombre de ese grupo. Desde la perspectiva política, significa estar activo en los procesos de la vida democrática y también identificarse con un sistema de gobierno que se concibe como medio para alcanzar ciertos fines comunes.
La participación es necesaria para mejorar el carácter democrático de la toma de decisiones de política educativa y en última instancia de la calidad del servicio educativo.
No obstante la importancia que se le otorga a la PS, principalmente para vivificar la democracia, su concepto adolece de grandes ambigüedades. Las primeras que saltan a la vista son semánticas: “participar” significa formar parte de, pero al aplicarse a la sociedad, no se aclara con qué finalidades, en qué procesos, a nombre de qué intereses, ni con qué representación. En el caso de la educación, en concreto, el término encubre aspectos muy variados, que pueden ser incluso contradictorios: participa quien protesta por las violaciones a su derecho a la educación, pero participa también quien colabora con programas del Estado; quien exige rendición de cuentas o quien trabaja en mejorar los libros de texto. No conviene entender el término como sinónimo de acciones de la ”ciudadanía” que refuercen la vida democrática cotidiana sin especificar cuáles son.
Para comprender mejor las ambigüedades del término “participar”, ayuda el distinguir sus principales acepciones. Si, en general, participar significa tomar parte en algo, tener injerencia en alguna actividad junto a otros, pero sin capacidad para decidir o ejecutar, al aplicarse desde una perspectiva sociológica o política (ambas de interés para esta plática) le sobrevienen otras acepciones.
El término “participar”, referido a la sociedad, puede tener cuatro significados principales:
1) Tomar parte en la conducción de la sociedad, principalmente en la toma de decisiones de quienes la gobiernan;
2) Considerar que el “participar” es una condición necesaria para que exista la democracia (un ejemplo de ello es el voto, que confiere la representación primaria a un gobernante). En este sentido, es el denominador común de varias actividades que refuerzan la democracia, como escribir en la prensa, militar en un partido político u otras organizaciones o educar cívicamente a la población.
3) En el plano abstracto, entender a la participación como un valor objetivo, constitutivo de la convivencia democrática y plasmada en las instituciones, que inspira los comportamientos ciudadanos.
4) Es también una actitud subjetiva de los ciudadanos, basada en conocimientos y vivencias, favorable a los procesos democráticos.
No hay que perder de vista que todas estas formas de “participar” son cualitativas o analógicas, o sea que se verifican en “escalas” que admiten grados diversos y que el término ciudadanía, tampoco es tan claro, pues se está reformulando a la luz de las exigencias de las sociedades democráticas modernas.
Ahora, bien, la “sociedad” no podría entenderse sin una mayor participación de los ciudadanos. La SC que ha surgido en los últimos años muestra nuevos rasgos: está mediando entre el Estado y el mercado y en ella se lucha por los consensos necesarios. Además, está integrada por individuos, en contraposición a la idea corporativista que pretendía asumir la representación de los derechos grupales (y debilitaba la presencia del ciudadano individual); y actúa siempre dentro del marco de la legalidad.
Comprender la naturaleza de la SC emergente requiere también profundizar en un nuevo concepto de “ciudadanía”, pues la construcción de una vida democrática implica ampliar la esfera de la SC y avanzar en la comprensión de un Estado como una “comunidad de ciudadanos”.
Bolívar (2004) señala que a la SC la constituyen tres elementos: la posesión de ciertos derechos y la asunción de ciertas obligaciones comunes a todos; la pertenencia a una comunidad política determinada; y la oportunidad de contribuir a la vida pública de esa comunidad mediante su participación.
El desarrollo de las nuevas dimensiones de la ciudadanía se considera fundamental aseguran el funcionamiento de un sistema político democrático, pues éste “depende en lo fundamental del tipo de ciudadano que será su referente en cuanto a su origen, apoyo y destinatario del conjunto de acciones vinculadas con las decisiones públicas” (Gutiérrez López, 2002: 225). De aquí la importancia de concebirla como una construcción cultural, objeto de una formación de los ciudadanos en los valores de tolerancia, pluralismo, respeto a la legalidad, corresponsabilidad y solidaridad.
Brito (1997 y 2003b) propone una “definición descriptiva” de SC (referida a México) que tiene la ventaja de ser concreta: sería “el conjunto de ciudadanos organizados como tales para actuar en el campo de lo público, en busca del bien común, sin ánimo de lucro personal, sin buscar el poder político ni la adhesión institucional a un partido.”
Baste lo mencionado para escoger cuatro líneas fundamentales del actual debate teórico sobre su naturaleza:
-Lo que expresa la actual SC es ante todo una creciente autonomía ante el Estado; al hacerlo, resalta el protagonismo de una “ciudadanía” más activa y participativa.
-En sus actuaciones la SC muestra dos dimensiones: como conjunto de instituciones que defienden los derechos de los ciudadanos y como conjunto de movimientos sociales que plantean demandas y vigilan el cumplimiento de sus derechos.
-La SC aparece como mediando entre Estado y mercado; por lo mismo, se ubica en el espacio público, aunque actúa a partir de raíces privadas; así se constituye como una “tercera esfera” pública no estatal.
-Los comportamientos de la nueva SC rebasan al Estado-Nación, pues el control de los procesos sociales se ha desplazado hacia instancias anónimas, generalmente supranacionales.
Por otro lado, la política, (citando a Aguilar Villanueva) es “un comportamiento propositivo, intencional, planeado, no simplemente reactivo o casual”, que se pone en movimiento “con la decisión de alcanzar ciertos objetivos a través de ciertos medios: es una acción con sentido” (Aguilar Villanueva, 1994: 24). La política, implica, además de su institucionalidad estatal, tres elementos: el diseño de una acción colectiva intencional, el curso que efectivamente toma la acción como resultado de las decisiones e interacciones que comporta, y los hechos reales que esa acción colectiva produce.
El análisis de la manera de como se adoptan las políticas públicas, bastante frecuente en los países de democracias consolidadas, prácticamente no se realiza en México. Según el asunto de que se trate, “se supone” que detrás de una política adoptada por un gobierno ha habido un proceso de negociaciones con las fuerzas y actores afectados, pero ese proceso –al menos en el caso de la educación- muy rara vez llega a conocerse. Inclusive las negociaciones con el Sindicato magisterial no trascienden a la prensa sino de modo muy general.
Desde la perspectiva de la participación y la política, Latapí Sarré (2003) plantea que una política gubernamental ideal, en una sociedad democrática, sería aquélla que tomara en cuenta los intereses de todos los segmentos de la sociedad, a satisfacción de todos ellos; así respondería a esos intereses, identificando a los stakeholders (o portadores de intereses) que son los sujetos sociales que tienen un legítimo interés en la educación nacional; la tarea de un gobierno democrático consistiría en negociar con ellos y conciliar sus puntos de vista; sería más un intermediario que una autoridad que se ajustara a un programa propio. Sin embargo, los intereses de los stakeholders deben conciliarse con el propósito del Estado, en el supuesto de que éste obedece a valores éticos de equidad y justicia social.
En este sentido, tendría cabida el conocimiento especializado de los investigadores de la educación, pues prestarían un servicio útil a las políticas públicas si ayudaran a esclarecer quiénes son los stakeholders, cuáles sus bases de poder e intereses y cuáles los ámbitos en que las negociaciones podrían tener éxito en cada asunto objeto de políticas. Especialmente, podrían argumentar a favor de aquellos sectores que tienen legítimos intereses educativos pero que carecen de voz política para urgir su atención.
Para explorar la repercusión de la IE en las decisiones de política Muñoz Izquierdo (2004) ofrece un esquema teórico en el que señala que el impacto de la Investigación Educativa depende de que se den ciertos “componentes” como: la generación adecuada del conocimiento, el proceso de planeación educativa, el desarrollo de los métodos y sistemas educativos, el de las tecnologías y la intervención de los agentes de decisión con actitudes favorables hacia la Investigación Educativa. Subraya que no se trata de un problema “técnico”; que el proceso es bastante más complejo por qué hay retroalimentación entre varios de esos componentes y, lo más importante es que sobre todo, están las actitudes, valores y motivaciones de los actores que intervienen.
El “impacto” que pudieran tener los resultados de las investigaciones educativas, según este autor, depende de tres procesos: el político (convergencia entre los valores de los investigadores y los juicios de oportunidad de los funcionarios); el científico (validación o corrección de sus paradigmas), y el del apoyo que brinden los agentes de decisión a los resultados de la IE.
En Observatorio tenemos presente que hay que buscar la oportunidad de argumentar convincentemente en escenarios democráticos en los que se puedan expresar ideas para que nuestras propuestas sean más tomadas en cuenta, pues entre más se proceda mediante procesos participativos, más se podrá tener la oportunidad de argumentar con oportunidad considerando la posible convergencia mediante el conocimiento especializado.
Pparticipar es una acción que se ejerce de manera voluntaria y se puede hacer críticamente en diversos colectivos, conservando la propia personalidad y sin dejar que el conjunto se imponga, si se tienen claros los fines se pueden defender y si no se puede ser capaz de transformarse y de rebelarse contra lo que a uno no le parece. Tener presente que a veces es mejor enfrentarse a los integrantes del grupo y a los que están en el entorno que estar en él sin cuestionarlo.
El caso de OCE como Organismo de la Sociedad Civil
Regresando al caso de OCE la pregunta que surge es ¿en qué medida este organismo cumple con las características de un Organismo de la Sociedad Civil? y ¿qué modalidades específicas adquiere su participación por el hecho de que pretende incidir en las políticas públicas sobre la educación a través de la reflexión, la crítica independiente y el diálogo con las autoridades? Para esto, convendrá reflexionar en lo que esto implica, definiendo lo que es una “política pública” y lo que es el proceso de negociación política del que depende su adopción.
El nacimiento de OCE se inscribe en el proceso más amplio de emergencia de la Sociedad Civil en México y en América Latina. Quienes impulsaron su constitución se propusieron plasmar en una institución concreta aspiraciones que se venían manifestando en el ámbito de la sociedad mexicana desde hacía varios años; algunos de ellos participaban activamente en otros Organismos de la Sociedad Civil de diversa índole; y conocían experiencias semejantes en otros países latinoamericanos, especialmente el Foro Educativo en el Perú.
Su diseño, nació con características que le son específicas y que ya he comentado antes, pero para comentar un poco en torno al propósito de incidir en las políticas públicas en educación, Observatorio se concibe interactuando con los agentes de decisiones gubernamentales para impactar la formulación y ejecución de las políticas públicas en educación, acotando el amplio tema de “la participación de la sociedad en la educación” a su interlocución con los agentes que toman decisiones sobre políticas educativas.
Nuestra orientación hacia los agentes de decisión implica intervenir en el ámbito político, al lado de, y con frecuencia en contraposición con otras fuerzas que representan intereses. Hemos dejado fuera o hemos acudido menos a las muy variadas e importantes formas de interacción de la sociedad en otros niveles, como el local (con los padres de familia y la comunidad ante la escuela) o las autoridades municipales y estatales, aunque colaboramos mediante nuestra voz crítica con varios organismos de incidencia civil y con la abundante literatura existente.
OCE ha tenido incidencia en la política educativa nacional y latinoamericana destacando su enfoque, dirigido a la orientación de las políticas educativas, basado en la observación crítica y reflexiva y en la demanda de explicaciones sobre algunas de las iniciativas que se han puesto en marcha. Como ya mencioné, sólo colaboramos con otros organismos de la sociedad civil si encontramos coincidencia con nuestra perspectiva sobre la educación en México. Esto explica por qué participamos en la Junta Directiva del Instituto Nacional para la Evaluación de la Educación (INEE), en la discusión sobre el fondo sectorial de investigación educativa de la SEP, en la discusión sobre el Consejo de Especialistas, así como en la propuesta del Foro de Investigación Educativa promovido por la SEP y la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE).
Un ejemplo en el que se colaboró con instancias gubernamentales fue a finales de 2005, la Secretaría de Educación Pública se acercó a OCE para invitarlo a participar en el proceso de implementación de la fase piloto de la Reforma Integral de la Educación Secundaria (RIES). En repuesta, OCE facilitó el contacto entre la SEP y los capítulos estatales, de manera que algunos profesores y representantes sociales interesados tuvieran oportunidad de participar en dicho proceso. Además, OCE hizo algunas recomendaciones de investigadores, interesados en el tema de la Reforma Integral de la Educación Secundaria con el propósito de facilitar el análisis especializado de la propuesta.
El ejercicio reflexivo y crítico que realizamos, no es sólo un ejercicio de “pedagogía pública” sino un acto de injerencia en el orden de la Realpolitik que se rige por la ley de “who gets what” (como suele definirse la política en su expresión más pragmática), pues no basta que los argumentos a los que aduzca OCE respecto a una política (por adoptarse o ya aplicada) sean racionales y convincentes; tienen además que estar contextualizados en las luchas de interés que rodean a esa política. La participación social conlleva, en este caso, la marca de la lucha de intereses en el escenario de las decisiones políticas.
Comentarios finales
Termino con algunas reflexiones de OCE contenidas en el comunicado sobre Participación social en la educación: la experiencia internacional y mexicana, publicado en la revista Este País en agosto de este año y algunas conclusiones
Estamos convencidos que el esfuerzo de constituirnos en voz crítica se debe fundar en la práctica reflexiva, el respeto a las diferencias existentes entre los participantes, el acceso a la información oportuna y a la toma de decisiones, la vigilancia en el manejo de los recursos, la transparencia de las acciones, la rendición de cuentas y la intervención en los diferentes momentos del ciclo de las políticas públicas, entre los más importantes.
Hasta ahora ha costado mucho trabajo constituir núcleos fuertes de crítica y propuesta desde la sociedad civil a quienes toman las grandes decisiones en materia educativa. Las propuestas que desde la sociedad civil se hicieron a las autoridades educativas actuales –algunas de ellas realizadas de manera conjunta por varias instancias – no fueron tomadas en cuenta en el Programa Sectorial de Educación 2007-2012, de hecho, algunas iniciativas de la sociedad civil no parecen tener espacio de participación estable en la Secretaría de Educación Pública. Los esfuerzos de participación social en educación se encuentran excesivamente centralizados en el Distrito Federal. La relación con los medios de comunicación no ha sido la esperada, pues no se ha encontrado en ellos la caja de resonancia indispensable para esfuerzos de grupos que son aún muy pequeños; ha habido dificultades para llegar de manera directa a la opinión pública no organizada. Los esfuerzos de interlocución se han centrado en el Poder Ejecutivo nacional, si bien comienzan ya a extenderse al estatal y al poder legislativo. Los estados del conocimiento del Consejo Mexicano de Investigación Educativa (COMIE) no se leen aún cuando son una herramienta útil para investigadores y estudiantes. Los comunicados de OCE se responden en contadas ocasiones.
Hay, sin duda, una creciente conciencia de la necesidad de participar desde sectores cada vez más diversificados, si bien todavía muy centralizados, de la sociedad. Hay una clara necesidad de la sociedad de generar estos espacios y de abrir los intersticios de escucha e influencia, de propuesta e innovación, de crítica y exigencia de rectificación. Ante el actual programa sectorial de educación, esto se vuelve imprescindible, a riesgo de que tengamos que soportar como sociedad los efectos de la falta de rumbo claro de un sexenio perdido en materia de avance educativo. Más que nunca es evidente que el gobierno, y México, necesitan a la sociedad civil organizada en torno a lo educativo para verdaderamente comenzar a avanzar en la solución de los principales problemas que nos atan a la desigualdad y a la deficiente calidad en educación.
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